I wonder why  

Lavado y planchado por "Aquel chico..."

"Querido diario:

Hoy, domingo, día del señor, necesito confesarme. Junto las manos y recito con murmuros el Confiteor. He pecado -¿he pecado?- y tengo la profundísima necesidad de que se me atribuyan ciertas acciones.

Me planteo lo inplanteable, me exijo metas inalcanzables, digo océanos y hago lagos, me defraudo a mí mismo. Mi autoestima se vuela con los vientos otoñales y así como si de un círculo vicioso se tratase, hago de mi existencia la no esencia. Desarrollo el drama de mi vida: inexsistente. Hablando en honor a la metáfora, estiro sombras los días de sol.

Necesito de alguien. Alguien que me recuerde cada mañana lo increíble que es mi vida, lo afortunado que soy y sobretodo mi poca capacidad de disfrute. A ese alguien creo haberlo cruzado un par de veces, pero igual que llegaron, se fueron; tan rápido que no hay tiempo para despedidas ni para razonamientos lógicos. Mea culpa. A mi falta de tacto me encomiendo y a mi falta de humanidad también, a mi irrenunciable orgullo que me está hundiendo y a mi álter ego que es una mala persona.

Hace unas semanas tuve el pálpito de creerme otro, de haber vuelto a mirarme cara a cara con una de esas personas. Llevo unos días excitado, como cuando estás enamorado -supuestamente-. Pienso en ella, la busco, la espero, la encuentro, la quiero. Nos estamos conociendo, es más de lo que nunca esperé, que sepas que el final no empieza hoy..."



ÚLTIMAS NOTICIAS: Hoy, martes 02 de marzo, los periódicos visten sus portadas de riguroso luto. Una macabra historia ha conmocionado al país entero. Todavía no encuentran explicaciones de lo ocurrido, se está investigando pero aún así El mundo, El país, El ABC, La razón, 20 minutos, La vanguardia y un largo etcétera de medios se han visto saturados por las miles de cartas de lectores cuyos mensajes monotemáticos se reducen al siguente:
"I wonder why..."


El Mundo publica en portada las fotos de los hechos. Se observa una habitación lúgubre con iluminación indirecta, en primer plano un escritorio con un reguero de sangre seca. La cabeza del jóven con la mirada vacía -y el cráneo también- sobre la máquina de escribir nadando en rojo, la pistola en el suelo.

Debajo de la cabeza y bajo un intenso foco de luz encontraron el diario, manchado pero legible. Junto a él, unos auriculares que no dejaban de repetir la misma canción en bucle infinito: Don't let me down de The Beatles.

La tragedia se condensa en gotas de pintura. Nadie entiende nada...



This entry was posted on martes, marzo 02, 2010 and is filed under . You can leave a response and follow any responses to this entry through the Suscribirse a: Enviar comentarios ( Atom ) .

1 botones perdidos